Una semana es el tiempo ideal para Guanajuato — suficiente para ver bien la ciudad, hacer dos excursiones excelentes y aún tener tiempo para descansar. Este es el plan día por día que un local realmente seguiría.
Siete días en Guanajuato es el itinerario que la mayoría de los locales recomendamos en voz baja cuando un amigo pregunta. Tres días bastan para enamorarte del Centro; cinco te permiten sumar San Miguel de Allende; siete realmente te dejan respirar — y Guanajuato, con su altura, sus cuestas y sus cenas tardías, premia al viajero que no quiere hacer todo antes del mediodía. Este plan asume que llegas al aeropuerto del Bajío (BJX) y te quedas en el Centro toda la semana, con dos excursiones de ida y vuelta.
Día 1 — Llegada y aclimatación. Del BJX a Guanajuato son unos 45 minutos en taxi o un shuttle compartido de unos 500 MXN. Deja las maletas, toma un litro de agua (ya estás a 2,000 m) y vete al Jardín de la Unión por un café largo bajo los laureles. Da una vuelta lenta: Teatro Juárez, Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato, Plaza de la Paz. Cena temprano en Mestizo o Las Mercedes (reserva con anticipación para Mestizo) y a la cama. El dolor de cabeza que quizá sientas mañana es real; dormir lo cura.
Día 2 — El Centro a pie. Empieza en el Mercado Hidalgo por fruta, jugo fresco y un paseo por las artesanías del piso de arriba. Sube al Museo Casa Diego Rivera (Rivera nació aquí; el museo es pequeño, personal y vale dos horas). Comida en Truco 7 o Santo Café — ambos clásicos con patios sombreados. Tarde: la espectacular escalinata blanca de la Universidad, el Museo del Pueblo, y subida lenta (o en funicular) al Pípila para el atardecer sobre la ciudad. Cena en Plaza San Fernando y una callejoneada si aún tienes pila — los recorridos musicales salen del Teatro Juárez la mayoría de las noches alrededor de las 8:30 pm.
Día 3 — Minas, momias y Valenciana. Toma un taxi o camión a Valenciana, pueblito minero arriba de la ciudad. Visita el Templo de San Cayetano (uno de los barrocos más ornamentados de México) y la Bocamina San Cayetano, una mina de plata que se puede bajar. De regreso, el Museo de las Momias es la experiencia rara y famosa de Guanajuato — cuerpos momificados naturalmente del cementerio del siglo XIX, mostrados con una honestidad curatorial que fascina o incomoda. Comida en La Vie en Rose para un respiro tranquilo. Tarde: bebidas en la azotea del Hotel 1850 o Edelmira, y tacos cerca de Plaza San Fernando.
Día 4 — Excursión a San Miguel de Allende. El autobús flecha o primera plus desde la Central de Autobuses tarda 1.5 horas y sale cada hora. Pasa el día en San Miguel: la Parroquia de San Miguel Arcángel (el templo neogótico rosa de toda postal), el centro artístico Fábrica La Aurora, comida en Cumpanio o en la azotea de La Posadita, y una hora en el Jardín Principal viendo pasar a la ciudad. Vuelve en el camión de la tarde para cenar en Guanajuato — el contraste entre las dos ciudades es la lección del día.
Día 5 — Día tranquilo en el Centro. Te lo ganaste. Duerme tarde, desayuna en Santo Café o Café Tal y escoge un museo que te saltaste — el Museo Iconográfico del Quijote es más interesante de lo que su nombre sugiere, y el Museo Regional en la Alhóndiga de Granaditas cuenta la historia de la Independencia en el edificio donde realmente comenzó. Tarde en Presa de la Olla: renta una lancha por treinta pesos, come en alguno de los restaurantes a orilla del lago, y regresa caminando por el Paseo de la Presa, una de las calles más bonitas de la ciudad. Cena sin complicaciones — prueba Casa Mercedes si quieres consentirte.
Día 6 — Excursión a Dolores Hidalgo y Atotonilco. Renta auto por el día o contrata chofer (más barato de lo que crees — pregunta en tu hotel). Dolores Hidalgo es la cuna de la Independencia, con una parroquia bellísima y los puestos de nieve más famosos del país en la plaza (prueba la de nopal o camarón si te animas). De regreso, para en el Santuario de Atotonilco — sitio UNESCO conocido como la "Capilla Sixtina de México" por su denso interior pintado. La vuelta completa se hace en ocho horas con tiempo para una comida larga.
Día 7 — Escoge tu cierre. Dos opciones según energía. A, tranquilo: mañana en Café Conquistador, una comida larga en Mestizo o Las Mercedes que no alcanzaste el día 1, tarde entre las librerías de la Universidad y un último atardecer en El Pípila. B, activo: medio día de caminata o cabalgata en la Sierra de Santa Rosa, justo afuera de la ciudad (varios operadores locales hacen grupos pequeños), y cena temprano. De cualquier forma, cierra con una callejoneada más — es una ciudad que quiere despedirte cantando.
Cómo adaptar este plan. ¿Sólo cinco días? Quita el día 6 (Dolores) y combina el 5 con el 7. ¿Diez? Suma dos noches en San Miguel de Allende en vez de ir y volver, y un día en Mineral de Pozos. ¿Con niños? Cambia el Museo de las Momias por el Museo de Ciencias Explora y la mina de Valenciana por el funicular; lo demás funciona igual. ¿Viajas para el Festival Internacional Cervantino a fines de octubre? Arma los días alrededor del programa (publicado a inicios de septiembre) y reserva hoteles con tres meses.
Notas prácticas. Compra un SIM mexicano o eSIM (Telcel tiene la mejor cobertura) el primer día — Google Maps funciona bien en el Centro, pero los mapas offline ayudan en los callejones. El efectivo sigue siendo rey para comida de calle, museos pequeños y camiones; las tarjetas van bien en hoteles y restaurantes formales. La propina es de 10–15% en restaurantes, 20 pesos por maleta a los maleteros y lo que se sienta justo para los músicos de las callejoneadas. Y respeta el día 5. Los viajeros que se van diciendo "no me quería ir" son los que dejaron un día para casi no hacer nada — y entonces hicieron exactamente eso.


